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jueves, 15 de julio de 2010

A LOS GUERREROS DE LA LUZ PORQUE SU HONOR AUN SE LLAMA LEALTAD

Estamos anclados en esta tierra, como un suspiro en el viento, empujados por la tormenta de la soledad, guardando nuestra esperanza en una estrella que nos guie de regreso a casa.

Cautivos en este mundo de belleza desértica, abrazándonos tan solo con nuestros fantasmas, esos que alguna vez, nos dieron su último aliento con la esperanza de encontrar un corazón dispuesto en la batalla, un corazón cuya vista no se nuble ante nuestro pálido ropaje que no es de lino, sino más bien curtido por las dagas que han atravesado el alma, por la mentira de quienes nos vieron y no nos reconocieron, cuando solo nuestro espíritu alumbraba en esta noche larga, porque era más en su ignorancia lo que esperaban.

Ahora caminamos sedientos de calor y abrazos, mas en este poblado donde los seres solo ven la concha mas no lo que guarda, todas las puertas a los del insigne linaje del cielo están cerradas, pues solo llevan en su cofre la única cosa que ya no es válida, una lagrima del alma y el recuerdo de aquellas que los abandonaron por el enemigo en la batalla.

Y tan solo ahora se ahoga la garganta y una gota tan azul como una fina llama, es detenida por el corazón y el coraje, de quien se niega a perder su aurora, pues sabe, que las marcas de este látigo que azota para quien no ríe mientras llora, son fatales en la última hora.

Andamos entonces cautivos de la esencia de luz que aún llevamos en el alma, y exiliados por los nuestros ya rendidos en batalla, ahora amantes del oscuro, enarbolan su bandera de quimeras mientras ebrios expulsan la poca luz que un les queda, y todos juntos entonan el canto de una vida incierta, pero que el placer esculpe como anestesia, mientras les es arrancada, la ultima chispa que puede dar vida al alma.

Mas nosotros estamos de pie, tras las líneas de la huestes oscuras que rodean nuestra montaña, inciertos pero con la voluntad de la espada y aun mal heridos, mantenemos firme la mirada, tentando al enemigo con tan solo un suspiro dispuestos a ganar un mañana, otro día más con nuestra luz fabricando alma y el elixir del amor que nadie quiso, en honor a quien nos enseño a resistir un segundo más en esta noche helada.

A los heraldos de la tierra que esta por venir, porque su honor también se llama lealtad, como la gallardía de su grito de batalla.

A los traidores de la luz, los habitantes de este cuento de demonios disfrazados de hadas, porque ellos enseñaron el camino que no se debe seguir, aunque esté en juego, el destierro y la soledad más amarga. Los camaradas de ayer hoy caminando entre fantasmas.

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