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domingo, 27 de junio de 2010

Manual del guerrero de la luz

La Historia del mundo, Drunvalo Melchizedek

La Historia del mundo.
Las tablillas sumerias encontradas en Irak, cuentan como se creo la tierra y de nuestro pasado extraterrestre.























Pecados capitales

Los siete pecados capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del cristianismo y el catolicismo para educar a sus seguidores acerca de la moral cristiana. La Iglesia católica romana divide los pecados en dos categorías principales:

pecado venial aquellos que son relativamente menores y pueden ser perdonados a través del sacramento.
pecado mortal los cuales, al ser cometidos, destruyen la vida de gracia y crean la amenaza de condenación eterna a menos que sean absueltos mediante el sacramento de la penitencia, o siendo perdonados después de una perfecta contrición por parte del penitente.


LISTA DE LOS 7 PECADOS CAPITALES


Comenzando a principios del siglo XIV, la popularidad de los siete pecados capitales como tema entre los artistas europeos de la época finalmente ayudó a integrarlos en muchas áreas de la cultura y conciencia cristiana a través del mundo.
Listado de los siete pecados capitales en el mismo orden que utilizó el papa romano san Gregorio Magno (circa 540-604) en el siglo VI. Más tarde, el poeta Dante Alighieri utilizó el mismo orden en su obra La Divina Comedia (c. 1308-1321).

Siete pecados capitales:
lujuria/ gula/ avaricia/ pereza/ ira/ envidia/ soberbia


Lujuria



Detalle de la lujuria, en el cuadro El jardín de las delicias, de Hieronymus Bosch. En esta tabla aparecen todo tipo de placeres carnales, que Bosch consideraba pecaminosos.La lujuria (en latín, luxuria) es usualmente considerada como el pecado producido por los pensamientos excesivos de naturaleza sexual. Según otro autor la lujuria son los pensamientos posesivos sobre otra persona. Debido a su intrínseca relación con la naturaleza sexual, la lujuria en su máximo grado puede llevar a compulsiones sexuales o sociológicas y/o transgresiones, incluyendo la adicción al sexo, el adulterio y la violación.

El concepto que Dante tenía de la lujuria era el «amor hacia otras persona, lo que pondría a Dios en segundo lugar.

gula

Actualmente la gula (en latín, gula) se identifica con la glotonería, el consumo excesivo de comida y bebida, en cambio en el pasado cualquier forma de exceso podía caer bajo la definición de este pecado. Marcado por el consumo excesivo de manera irracional o innecesaria, la gula también incluye ciertas formas de comportamiento destructivo. De esta manera el abuso de substancias o las borracheras pueden ser vistos como ejemplos de gula. En la Divina Comedia de Alighieri, los penitentes en el Purgatorio eran obligados a pararse entre dos árboles, incapaces de alcanzar y comer las frutas que colgaban de las ramas de estos y por consecuencia se les describía como personas hambrientas.

Avaricia

La avaricia (en latín, avaritia) es —como la lujuria y la gula—, un pecado de exceso. Sin embargo, la avaricia (vista por la Iglesia) aplica sólo a la adquisición de riquezas en particular. Tomás de Aquino escribió que la avaricia es «un pecado contra Dios, al igual que todos los pecados mortales, en lo que el hombre condena las cosas eternas por las cosas temporales». En el Purgatorio de Dante, los penitentes eran obligados a arrodillarse en una piedra y recitar los ejemplos de avaricia y sus virtudes opuestas. «Avaricia» es un término que describe muchos otros ejemplos de pecados. Estos incluyen deslealtad, traición deliberada, especialmente para el beneficio personal, como en el caso de dejarse sobornar. Búsqueda y acumulación de objetos, robo y asalto, especialmente con violencia, los engaños o la manipulación de la autoridad son todas acciones que pueden ser inspirados por la avaricia. Tales actos pueden incluir la simonía.

Pereza

La pereza (en latín, acidia) es el más «metafísico» de los pecados capitales, en cuanto está referido a la incapacidad de aceptar y hacerse cargo de la existencia en cuanto tal. Es también el que más problemas causa en su denominación. La simple «pereza», más aún el «ocio», no parecen constituir una falta. Hemos preferido, por esto, el concepto de «acidia» o «acedía». Tomado en sentido propio es una «tristeza de ánimo» que aparta al creyente de las obligaciones espirituales o divinas, a causa de los obstáculos y dificultades que en ellas se encuentran. Bajo el nombre de cosas espirituales y divinas se entiende todo lo que Dios nos prescribe para la consecución de la eterna salud (la salvación), como la práctica de las virtudes cristianas, la observación de los preceptos divinos, de los deberes de cada uno, los ejercicios de piedad y de religión. Concebir pues tristeza por tales cosas, abrigar voluntariamente, en el corazón, desgano, aversión y disgusto por ellas, es pecado capital. Tomada en sentido estricto es pecado mortal en cuanto se opone directamente a la caridad que nos debemos a nosotros mismos y al amor que debemos a Dios. De esta manera, si deliberadamente y con pleno consentimiento de la voluntad, nos entristecemos o sentimos desgano de las cosas a las que estamos obligados; por ejemplo, al perdón de las injurias, a la privación de los placeres carnales, entre otras; la acidia es pecado grave porque se opone directamente a la caridad de Dios y de nosotros mismos. Considerada en orden a los efectos que produce, si la acidia es tal que hace olvidar el bien necesario e indispensable a la salud eterna, descuidar notablemente las obligaciones y deberes o si llega a hacernos desear que no haya otra vida para vivir entregados impunemente a las pasiones, es sin duda pecado mortal.

Ira

La ira (en latín, ira) puede ser descrita como un sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y enojo. Estos sentimientos se pueden manifestar como una negación vehemente de la verdad, tanto hacia los demás y hacía uno mismo, impaciencia con los procedimientos de la ley y el deseo de venganza fuera del trabajo del sistema judicial (llevando a hacer justicia por sus propias manos), fanatismo en creencias políticas y generalmente deseando hacer mal a otros. Una definición moderna también incluiría odio e intolerancia hacia otros por razones como raza o religión, llevando a la discriminación. Las transgresiones derivadas de la ira están entre las más serias, incluyendo homicidio, asalto, discriminación y en casos extremos, genocidio.

La ira es el único pecado que no necesariamente se relaciona con el egoísmo y el interés personal (aunque uno puede tener ira por egoísmo, por ejemplo, por celos). Dante describe a la ira como «amor por la justicia pervertido a venganza y resentimiento».


Envidia


Como la avaricia, la envidia (en latín, invidia) se caracteriza por un deseo insaciable, sin embargo, difieren por dos grandes razones: Primero, la avaricia está más asociada con bienes materiales, mientras que la envidia puede ser más general; segundo, aquellos que cometen el pecado de la envidia desean algo que alguien más tiene, y que perciben que a ellos les hace falta, y a consiguiente desear el mal al prójimo, y sentirse bien con el mal ajeno.

La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.

Francisco de Quevedo

Dante Alighieri define esto como «amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos». En el purgatorio de Dante, el castigo para los envidiosos era el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.

Soberbia

En casi todas las listas de pecados, la soberbia (en latín, superbia) es considerado el original y más serio de los pecados capitales, y de hecho, es también la principal fuente de la que derivan los otros. Es identificado como un deseo por ser más importante o atractivo que los demás, fallando en halagar a los otros.

Según la Biblia, este pecado es cometido por Lucifer al querer ser igual que Dios.

Genéricamente se define como la sobrevaloración del Yo respecto de otros por superar, alcanzar o superponerse a un obstáculo, situación o bien en alcanzar un estatus elevado y subvalorizar al contexto. También se puede definir la soberbia como la creencia de que todo lo que uno hace o dice es superior, y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás. También se puede tomar la soberbia en cosas vanas y vacías (vanidad) y en la opinión de uno mismo exaltada a un nivel crítico y desmesurado (prepotencia).

Soberbia (del latín superbia) y orgullo (del francés orgueil), son propiamente sinónimos aun cuando coloquialmente se les atribuye connotaciones particulares cuyos matices las diferencian. Otros sinónimos son: altivez, arrogancia, vanidad, etc. Como antónimos tenemos: humildad, modestia, sencillez, etc. El principal matiz que las distingue está en que el orgullo es disimulable, e incluso apreciado, cuando surge de causas nobles o virtudes, mientras que a la soberbia se la concreta con el deseo de ser preferido a otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego. Por ejemplo, una persona Soberbia jamás se "rebajaría" a pedir perdón, o ayuda, etc.

Relación de cada pecado con un demonio particular

En 1589, Peter Binsfeld, basándose libremente en fuentes anteriores, asoció cada pecado con un demonio que tentaba a la gente por medios asociados al pecado. Su clasificación de los demonios es la siguiente:

Lujuria: Asmodeo
Gula: Beelzebú
Avaricia: Mammon
Pereza: Belfegor
Ira: Amón
Envidia: Leviatán
Soberbia: Lucifer


VIRTUDES


Soberbia

Humildad:
Es la característica que define a una persona modesta, alguien que no se cree mejor o más importante que los demás en ningún aspecto; es la ausencia de soberbia.

Avaricia

Generosidad:
Hábito de dar y entender a los demás. En momentos de desastres naturales, los esfuerzos de la ayuda son con frecuencia proporcionados, voluntariamente, por los individuos o los grupos que actúan de manera unilateral en su entrega de tiempo, de recursos, de mercancías, dinero, etc.
La generosidad es una forma de altruismo y rasgo de la filantropía, como puede verse en las personas anónimas que prestan servicios en una Organización sin ánimo de lucro.

Lujuria

Castidad:
Comportamiento voluntario a la moderación y adecuada regulación de placeres y/o relaciones sexuales, ya sea por motivos de religión o social. No es lo mismo que abstinencia sexual.

Ira

Paciencia:
Actitud para sobre llevar cualquier contratiempo y dificultad

Gula

Templanza:
Moderación en la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad.

Envidia

Caridad:
Empatía, amistad.

Pereza

Diligencia:
Es el esmero y el cuidado en ejecutar algo. Como toda virtud se trabaja, netamente poniéndola en práctica; significa cumplir con los compromisos, no ser inactivo, no caer en la pereza, proponerse metas fijas y cumplirlas en su tiempo, poner entusiasmo en las acciones que se realizan.

sábado, 26 de junio de 2010

El Plan Cosmico









MER KA BAH

Niños Cristal

El Llamado de la Luz

Niños Indigo













PORQUE DIOS ES LO MAS IMPORTANTE, NO DUDES

ENFOQUES SOCIOLÓGICOS A LA ANTIGUA PREGUNTA.

Mientras estaba haciendo una visita de shivá a un amigo que perdió a su madre por leucemia, vi a un joven estudiante dar una explicación detallada del enfoque filosófico del judaísmo sobre el sufrimiento. Mi amigo, en el medio de una profunda y dolorosa pérdida, no tenía ningún interés de escuchar una disertación filosófica. Me senté ahí, en mi asiento, incómodamente, esperando una pausa en su disertación para cambiar de tema. Mi amigo ocasionalmente inclinaba la cabeza amablemente, pero yo sabía que las palabras del estudiante cortaban como puñales.

“¿Por qué yo, Dios?”, puede ser tanto una pregunta filosófica como un llanto de angustia. Lo primero es una demanda de claridad y requiere una contestación intelectual. Pero, si las palabras son una expresión de angustia, cualquier explicación racional no es sólo irrelevante, sino que es absolutamente insensible. Una expresión de dolor requiere empatía, no respuestas; silencio, no palabras.

Este artículo adopta un enfoque decididamente intelectual ante la pregunta del sufrimiento. Los enfoques a continuación no son respuestas acertadas a los temas más profundos de la vida. Estos temas requieren dedicación constante, luchando para asimilarlos en lo más profundo de nuestro ser.

La pregunta: “¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena?” está construida sobre los tres siguientes de axiomas sobre Dios.

Dios debe ser:

1) Todo bondad
2) Omnisciente
3) Omnipotente

Si tú quitas cualquiera de estos atributos, la pregunta desaparece.

Si Dios no fuese pura bondad, podría hacer maldad y aun disfrutar al infligir dolor. ¿Podría haber alguna pregunta de por qué pasan cosas malas a gente buena?

Si Dios no fuese omnisciente, podrían pasar cosas malas porque Él no sabría todo lo que está ocurriendo en el mundo. Si Él lo supiese, seguramente le pondría un fin a la situación.

Si Dios no fuese omnipotente, las cosas malas podrían pasar simplemente porque podría haber fuerzas en el mundo más allá del control de Dios, enfermedades y desastres naturales demasiado poderosos para Dios. Sólo podemos pedirle a Dios que se ocupe de eventos que están en sus manos.

Si uno cree en un Ser omnipotente que es todo bondad y además es omnisciente, entonces la pregunta “¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena?” propone un desafío real.

Una Pequeña Incomodidad

Exactamente, ¿cuánto dolor debe haber para que podamos formular legítimamente la pregunta? El Talmud da un ejemplo de una persona que mete su mano en el bolsillo con la intención de sacar una moneda de determinado valor y en su lugar saca una de menor valor. Forzada a meter la mano en el bolsillo una segunda vez, ella experimenta una pequeña incomodidad. El Talmud declara que este esfuerzo extra es motivo suficiente para preguntarse: “¿Por qué me está pasando esto a mi? ¿Qué hice para merecer esto?” (Brajot 5a).

Cualquier cantidad de dolor o incomodidad formula la misma pregunta teológica, aun el golpearse un dedo del pie. Filosóficamente, los pequeños dolores en la vida demandan una explicación tanto como la crisis más importante. Después de todo, si Dios es todo bondad, omnipotente y omnisciente, ¿Por qué mi hija se tenia que cortar el dedo con papel? Y más aún, ejemplos pequeños de incomodidad son quizás más productivos para ahondar en el tema del sufrimiento, porque difunden la tensión emocional, haciendo que sea más fácil enfocarnos en la adquisición de claridad intelectual.

Aspectos del Amor

Nuestro primer acercamiento a la "lucha con el sufrimiento" requiere que nos concentremos en un cuarto aspecto de la naturaleza de Dios: Amor.

Nosotros generalmente pensamos que amor son momentos tiernos de calidez y nutrición, una forma de ir más allá de nosotros mismos a través de dar y compartir. Este es un aspecto del amor llamado jésed, amor bondadoso.

Pero hay otro lado del amor, tan esencial como el primero, sin el que ningún amor puede estar completo: disciplina. Imagina una madre recibiendo una llamada del supermercado local, pidiéndole que vaya a buscar a su hijo adolescente quien ha sido atrapado robando. La madre cree que actuar bien como padre es reforzar positivamente lo enseñado, sólo expresiones cálidas y amorosas son aceptables, las críticas no son aceptadas. Durante el camino a casa, el hijo espera silenciosamente por la reacción de su madre. Ella le da a él una gran sonrisa y le dice: “¡Has tenido un día tan ocupado, debes estar famélico! ¿Qué quieres de cenar?” El incidente del robo nunca fue mencionado.

Dos días después, la madre recibe un llamado de la policía para que vaya a la estación. Su hijo ha sido atrapado robándole a una señora anciana. Ella paga la fianza y le da a su hijo un gran abrazo. “¡Mi pobre amorcito! Este no es lugar para ti. ¡Debes haber estado tan asustado!” ¿Qué crees que pasará mañana? Lo que el niño realmente quiere es atención de verdad. Desesperadamente, él sólo quiere que su madre trace la línea en algún punto, para fijar los límites y decir: “¡No! esto está mal. ¡Estás yendo demasiado lejos!”.

La aceptación y la calidez de manera asilada, son una distorsión del amor. La sonrisa incesante de la madre se transforma en una declaración amenazante que dice que nada de lo que él haga amerita una reacción. Disciplina y juicio, la otra cara del amor, le dice al chico que sus acciones realmente importan.

Un amor sin reproche no es amor (Bereshit Rabá 54:3).
El objetivo de la buena disciplina cuando criamos niños es educar, no castigar. El objetivo es mostrarle al chico en dónde está cometiendo un error y dirigirlo por el camino correcto.

La literatura judía se refiere a Dios como “Nuestro Padre que está en los Cielos”, Avinu she-ba-shamaim. Él es un padre, no un abuelo con una larga barba blanca. Hay una diferencia importante entre un padre y un abuelo. La relación con un abuelo está principalmente construida sobre jésed, el lado del amor de dar, traer regalos, pasar tiempo jugando con los nietos. Cuando hace falta disciplina, los padres entran en la escena. Dios se relaciona con nosotros como un padre; Su amor es completo, expresado a través tanto de dar como de disciplinar. Por lo tanto, cuando algo malo ocurre, el primer paso debería ser tratar de entender lo que nuestro Padre nos está enseñando.

Como declara el Talmud, “Cuando la desgracia viene a una persona, entonces, esa persona debería analizar sus acciones” (Brajot, 5a).

Nos están enseñando una lección, no castigando. La adversidad puede ser una llamada de atención de parte de Dios para que despertemos, animándonos a explorar nuestras acciones y ver en dónde nos estamos saliendo del curso.

El Contexto lo Afecta Todo

El contexto emocional de las relaciones le da forma a nuestras interpretaciones de las acciones de los demás. Por ejemplo, Rajel ha estado trabajando para terminar su máster durante los últimos cuatro años. Esta noche es la graduación. Ella le dice a su marido: “Nos encontramos allí a las ocho de la noche, y por favor, no llegues tarde”.

“No te preocupes. Estaré allí a tiempo”, él responde.

“¿Me prometes?”

“Te prometo”.

Son las ocho en punto y él todavía no está allí. Rajel comienza a agitarse. Son las ocho y diez y aun no ha llegado. Ahora ella está enojada. A las ocho y media ella no puede creer que él la decepcionó de nuevo. Ella se siente herida y rechazada.

Miremos a otra pareja, Shoshana y David. Ellos han estado casados por diez años y aprecian muchísimo el amor que cada uno tiene por el otro. Shoshana le dice a David que esté a las ocho y que trate de no llegar tarde.

“¿Estás bromeando? Este es un momento tan especial para ti, no quisiera perderme un minuto de él”.

Son las ocho en punto y David aun no está allí. ¿Qué es lo que piensa Shoshana? “Quizás se enredó en el tráfico”. A las ocho y diez, comienza a preocuparse. “Quizás pasó algo”. A las ocho y media ella se va para llamar a los hospitales, en estado de pánico.

La misma situación con dos reacciones muy diferentes. Cuando la relación es de resentimiento y desconfianza, la acción es interpretada con un lente negativo. Cuando la relación es de amor y confianza, la misma acción es vista con una luz completamente diferente.

Dios no es un padre disfuncional.
Cuando no somos conscientes del amor constante que nos brinda Dios, seguramente vamos a malinterpretar el mensaje. El desafío inicial es asegurar que nuestra relación con Él está basada en la confianza y el amor.

Dios no es un padre disfuncional. Él no arremete contra nosotros con furia, generando dolor por Su propia frustración y falta de control de sus impulsos. Todo lo que pasa proviene de Su amor constante, que es infinito e inconmensurable, más grande que todo el amor en el mundo.

“Así como un padre reprende a su hijo, Dios nos reprende a nosotros.” (Deuteronomio, 8:5).

Como un padre amoroso, Dios está tratando de enseñarnos algo.

Entonces, ¿Cómo comenzamos a construir una relación de amor con Dios?

La piedra angular de toda relación amorosa es la confianza, la confianza de que el otro realmente se preocupa y está ahí para ti. Un árbol de confianza se cultiva a través de acciones de dar, que profundizan las raíces, lo alimentan para que crezca más fuerte, forjando una relación permeada con amor.

De todos modos, hay otro ingrediente indispensable: gratitud. Si un acto de amor no es reconocido, no puede reforzar el vínculo de ninguna manera. Porque a pesar de todos los intentos y propósitos es como si ese acto nunca hubiese existido. Cuando las expresiones de bondad son tomadas como un hecho natural, tan esperadas como el diario en la puerta todas las mañanas, carecen de todo el poder de nutrir el acercamiento y la confianza. Sin gratitud, la “cuenta bancaria de confianza” nunca se acumula. Es como si la historia de la relación estuviese siendo escrita en la pizarra mágica de un niño.

Necesitamos apreciar las incontables demostraciones del cuidado de Dios en nuestras vidas, para poder construir nuestro sentido de confianza. Mediante reconocer Su incesante involucramiento en nuestras vidas, pasado y presente, podemos construir una conexión de amor con Dios.

Este es el mensaje esencial de Dios al pueblo judío, cuando Él se presenta por primera vez en el Monte Sinaí. “…Yo soy el Señor, tu Dios quien te sacó de la tierra de Egipto, la casa de la esclavitud” (Éxodo20:2).

Dios podría haber dicho: “Yo soy el Señor, tu Dios, quien creó los cielos y la tierra”. ¿Qué podría haber sido más impresionante que eso?

Sin embargo, Él no está interesado en presumir narrando antiguas hazañas de fuerza con las que la gente no tiene ninguna conexión directa. Él quiere mostrarle a su joven nación que Él está con ellos, comprometido, amándolos y cuidándolos. “Sí, soy Yo, tu Dios, quien dio vuelta las leyes de la naturaleza para liberar a todos y a cada uno de ustedes. El que los salvó y los liberó de la esclavitud”.

Apreciar el rol activo de Dios en nuestras propias vidas nos dará la misma confianza. Demasiado a menudo nosotros damos por sentadas las innumerables bendiciones que Dios nos ha dado, y pasamos por alto la relación especial que tenemos con Él. Tendemos a olvidar que somos los recipientes de una miríada de regalos preciosos, que hay un Ser que nos da el regalo de la vida, la habilidad de ver, y la facultad de oír, que cada instante de nuestra existencia es un magnífico regalo de vida.

Recibiendo el Mensaje

Luchar exitosamente con el sufrimiento requiere que veamos todos los eventos como significativos. Los eventos en nuestra vida no son meras coincidencias o accidentes aleatorios que no tienen nada que ver con un Ser intencionado. Si Dios es omnisciente, omnipotente y toda bondad, nada ocurre al azar.

“Alguien que cree en la unicidad de Dios y entiende sus implicancias debe creer que El Santo, Bendito Sea, es uno, sólo y único, que no tiene impedimentos o restricciones de ningún tipo, Él domina todo… no hay nadie debajo de Él que ejerza alguna clase de dominio en el mundo… Él supervisa a todas Sus criaturas individualmente, y nada se filtra en este mundo sino a través de Su voluntad y gestión, no a través del azar, y no a través de la naturaleza, y no a través de las constelaciones; sino que Él gobierna toda la tierra y todo lo que hay en ella, decretando todo lo que ocurrirá…”. Daat Tevunot, Rabino Moshé Jaim Luzzato

Vivir con esta actitud nos permite ver la mano de Dios en nuestra vida diaria. Yo tuve una amiga que era adicta al trabajo, trabajaba todos los días desde temprano en la mañana hasta tarde en la noche. Su trabajo era la única fuente de sentido y felicidad en su vida, y ella estaba esperando ansiosamente una promoción que le trajera más responsabilidad y más demanda horaria.

Un día ella se cayó de un caballo y se rompió la pierna. No hace falta decir que estaba enojada con el momento en el que se accidentó, pero eso probó ser la menor de sus preocupaciones. La fractura era muy complicada, y después de tener una serie de enyesados por varios meses, aún no sanaba. Para ese momento, su ausencia en el trabajo le ocasionó la pérdida de la promoción que estaba buscando. “¿Por qué yo, Dios?”. Al final ella tuvo que ser enchufada a una máquina especial doce horas al día que enviaba impulsos electromagnéticos a través de su pierna para estimular el crecimiento de células óseas. Ella tenía que volver temprano del trabajo todos los días, y una vez enchufada a la máquina, no podía hacer nada salvo leer, mirar televisión y pensar.

Y ella pensó. Ella comenzó a considerar la vida estresante que había estado llevando y a preguntarse hacia dónde estaba yendo.

Hay un principio en el judaísmo que se denomina “medida por medida”, lo que más o menos significa “el castigo debe ser acorde al crimen”. Para darnos cuenta del significado del mensaje, Dios a menudo nos enviará Su mensaje a través de un medio directamente relacionado con el área en la que uno necesita mejorar. Forzada a frenar el paso frenético, ella se dio cuenta de que todo lo que estaba corriendo no la iba a llevar a ningún lado. Después de ocho meses de curación, ella cambió el curso de su vida y estará eternamente agradecida por haberse quebrado la pierna.

No siempre es fácil entender el mensaje. Y es posible que Dios esté tratando de enseñarle a mi amiga una lección diferente. Posiblemente Él quería mostrarle que ella no siempre está en control, o que no debe tomar por sentado el correcto funcionamiento de su cuerpo. Al estar consciente de que su dolor era por alguna razón, ella pudo usar el episodio como una herramienta para crecer y traer la presencia de Dios a su vida diaria.

Cuando nos damos cuenta de que los eventos traen un mensaje divino, estamos obligados a explorar su contenido.
Si estuvieses a punto de recibir correspondencia de parte del presidente de tu país, ¿La tirarías a la basura? Cuando nosotros nos damos cuenta de que los eventos tienen un mensaje divino, estamos obligados a abrirlos y a explorar su contenido. Al ignorar el mensaje y atribuir los eventos al azar, nos privamos a nosotros mismos el potencial de significado y de crecimiento, y desperdiciamos la oportunidad de acercarnos aún más a Dios.

A propósito, no tenemos que esperar que Dios nos envíe un mensaje directo para despertarnos. Un tonto aprende de sus propios errores, un hombre sabio aprende también de los errores de los demás. El mensaje no solamente es para el que está sufriendo, también hay un mensaje para todos los que lo oyen.

Cuando no Sabemos Por Qué

A veces, no podemos entender claramente por qué ocurren ciertos eventos, y nos sentimos cegados por una capa de oscuridad, imposibilitados de perforarla para ver la luz. ¿Qué hacemos en ese momento?

Imagina un padre fascinado con un libro, que ve, de reojo, a su hija de dos años caminando hacia un tomacorriente (enchufe) con un clip metálico en su mano. El padre cierra su libro y grita “¡Rivka detente!”. Rivka continúa caminando hacia el tomacorriente.

“¡Rivka detente ahora!”.

A pocos centímetros de poner el clip en el tomacorriente, el padre salta del sofá y lo quita de su mano. Rivka comienza a gritar: “¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena?”.

Porque los niños tienen una perspectiva inmadura del mundo, ellos no pueden ver toda la imagen. En la mente de Rivka, ella estaba simplemente jugando con un clip inofensivo y recibió una cachetada sin ninguna razón. El padre, por supuesto, estaba salvando a su hija de ser electrocutada. La cachetada fue por su bien. Cuando Rivka sea mayor, ella podrá mirar hacia atrás y ver el episodio desde una perspectiva más madura y analizar las cosas bajo una luz completamente diferente.

Todo individuo tiene una misión única que realizar. El incontable número de eventos que ocurren en la vida de uno converge en profunda sincronía para consumar un destino más elevado, en relación al plan divino. Así, la suma total de la vida de una persona manifiesta una contribución única hacia la perfección del mundo.

“No hay hecho, pequeño o grandioso, cuyo objetivo final no sea la perfección universal, como fue dicho por nuestros sabios (Brajot, 60b): ‘Todo lo que es hecho por el Cielo es para bien’. Dado que en el tiempo venidero, El Santo, Bendito Sea, hará saber Sus caminos... mostrando como aun los castigos y la adversidad eran precursores de bien y preparación para bendición. Porque El Santo, Bendito Sea, sólo desea la perfección de Su creación”. Daat Tevunot, Rabino Moshé Jaim Luzzato.

Los eventos de nuestra vida se entrelazan como el tejido de una hermosa tapicería. Dios es el maestro tapicero que une miles de hilos formando una obra de arte de increíble complejidad. Cada hilo es necesario, ubicado precisamente en la posición ideal.

Cuando el trabajo está en la mitad, nos podemos preguntar sobre las manchas negras que desentonan y sobre los hilos grises que salen. Hay momentos en los que sólo podemos ver el lado del revés del tejido, que parece caótico y confuso. Sólo una vez que está completo se puede apreciar su belleza final.

Algunas experiencias pueden parecer malas en el momento, sólo por la falta de perspectiva para ver toda la imagen. Es como irse en el medio de una película de acción, volviendo a casa pensando que el héroe estaba a punto de ser asesinado. Con algunas películas, el último cuadro puede redefinir completamente nuestro entendimiento de lo que ocurrió.

En realidad, todos los eventos, los “buenos” y los “malos”, provienen de la misma fuente, Un Dios que es sólo bondad.

“Y tú deberás saber ese día y deberás ponerlo en tu corazón, que el Señor es Dios, por encima de los cielos y por debajo de la tierra, no hay nadie más’. (Devarim 3:39). Dios mismo testifica y proclama que la suma total de Sus grandes obras en el mundo son la revelación de esta unicidad absoluta”. Daat Tevunot, Rabino Moshé Jaim Luzzato...

De una Fuente

El Talmud (Pesajim 50a) trae la cita: “…en ese día, Dios será Uno y Su Nombre será Uno” (Zacarías 14:9), y pregunta: “¿Acaso no es Dios Uno hoy?”.

El Talmud responde que en este mundo nosotros podemos saber, intelectualmente, que todo lo que Dios hace es para bien, pero que puede que no podamos sentir y percibir como esos eventos que parecen negativos son de hecho realmente positivos. Puede haber confusión, puede parecer que el mal está en contradicción con la característica de bondad incesante de Dios.

Pero en el Mundo Venidero, el Talmud continúa, cuando el destino del mundo sea develado y cada individuo esté completo, obtendremos la perspectiva completa. Podremos mirar hacia atrás y sentir cómo todas las cosas, aun los mayores trastornos, fueron para bien. Cada giro y cada vuelta, personal y global, habrá sido una máxima expresión de la naturaleza perfecta de Dios.

Reconoceremos al mal como lo que realmente es, una ilusión temporaria destinada a desaparecer como una bocanada de humo.

“…y todo el mal se evaporará como humo, cuando Tú remuevas el dominio del mal de la tierra” (Majzor, plegarias de Rosh Hashaná).

Mientras que este enfoque no elimina el sufrimiento, puede ayudarnos a aceptar el dolor, sabiendo que al final es para bien. Cuando alguien que amamos y en quien confiamos hace algo que no entendemos, tenemos la madurez para suspender el juicio y confiamos en que debe haber una buena explicación para ese comportamiento.

Sufrimiento Auto Provocado

Mucho de nuestro sufrimiento nos lo causamos nosotros mismos. Sólo lee los titulares de cualquier periódico. Somos maestros en causar grandes cantidades de sufrimiento a los demás y a nosotros mismos, dolor sicológico y físico, y no podemos culpar a nadie más que a nosotros mismos.

Posiblemente cuestionamos a Dios por darnos el libre albedrío tan amplio como para causar tales estragos. ¿Por qué darnos el poder para herir y matar? ¿No hubiese sido un lugar mejor si el mal hubiese sido restringido, limitando el espectro de nuestro libre albedrío?

Protegernos de las consecuencias potenciales de nuestras elecciones hubiese disminuido el propósito y el significado de la vida.
Limitar el alcance del libre albedrío podría haber hecho del mundo un lugar más seguro, pero protegernos de las consecuencias potenciales de nuestras elecciones hubiese disminuido el propósito y el significado de la vida. Es nuestra habilidad de escoger lo que nos hace diferentes de los robots. El libre albedrío nos da la independencia y responsabilidad personal sobre las consecuencias de nuestros actos, dando importancia a cada una de nuestras elecciones. Si nuestras elecciones fuesen limitadas, nuestra independencia sería reducida, comprometiendo el significado más grande de nuestra existencia.

Esto podría estar en contradicción con la naturaleza perfecta de Dios. Dado que Dios es perfecto, Su creación debe tener la oportunidad de alcanzar el máximo sentido y perfección. Cualquier cosa menor sería un acto de flagrante imperfección.

“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno” (Bereshit, 1:31).

“’y he aquí que era bueno’, se refiere al iétzer hatov, la inclinación hacia el bien; ‘y he aquí que era muy bueno’, se refiere al iétzer hará, la inclinación hacia el mal” (Bereshit Rabá 9:7).

La libertad completa requiere acceso completo al bien y al mal. En otras palabras, el mal permite que el libre albedrío exista, y así, incluso el mal sirve a la causa superior del bien supremo.

Cuando tratamos de vivir con la consciencia de que todos los eventos sirven a un propósito más elevado, y son precisamente lo que necesitamos en ese momento, podemos lentamente aprender a reconocer el bien verdadero que yace debajo de cada situación. Luchar con el sufrimiento nos permite utilizar cada experiencia como una herramienta para la elevación, viéndolo como una lección personal vital y como una oportunidad de fortalecer nuestra confianza en la infinita bondad de Dios. Saber que hay un propósito constructivo y sentido en los tiempos difíciles que enfrentamos, puede que no elimine el dolor, pero lo hace más tolerable.

por Rav Nejemia Coopersmith

Proyecto de evacuación